Madres, de hijos con algún tipo de diversidad funcional, de capacidades diferentes, de discapacidad, si me estás leyendo sabrás que eres igual de especial o particular que tu hijo o hija, porque no eres una madre al uso, eres simplemente espectacular.
Poca gente que conozca hay más fuerte que tú, que haces de la incertidumbre, seguridad; del miedo, historia; del cambio, convivencia. Madre que no te rindes, madre que luchas, madre que te sientes sola, madre.
Pasar de un especialista a otro, no tener las respuestas deseadas, enfrentarse al dolor del no saber y convivir cada día con la lucha constante de defender, proteger y cuidar con mimo al ser o seres más amados, los hijos y las hijas. Llevar en tu corazón el peso de las miradas de la sociedad, del que no alcanza a comprender el daño que te hacen sus bromas, su indiferencia o su falta de empatía porque es más fácil juzgarte como mala madre, o como madre incapaz que ponerse en tus zapatos.
Transitar por la vida con incertidumbre
Solamente tu sabes lo que es esperar con alegría, miedo, esperanza que desbordan tu corazón y te hacen sentir la mujer más fuerte y a la vez el ser más vulnerable de la tierra; y, cuando esa espera termina y tienes en tus brazos lo más deseado, viene el puñetazo en el estómago que te deja sin respiración: hay algo que no está bien. Esto puede suceder en el momento de nacer, al cabo de unos meses o tras unos años en los que el desarrollo de tu hijo o hija no se ajusta al estandarizado o normalizado. En ocasiones, hay profesionales que comprenden que algo pasa, en otros, le quitan importancia y dejan pasar el tiempo pensando que con el crecimiento se acabará ajustando a la “normalidad” de la mayoría.
Pero el tiempo pasa y sigues sin ver la luz, y te enfocas en pruebas médicas, psicométricas, de inteligencia, de adaptación al medio…, y en terapias (logopedia, sensorial, psicológica, física…) que copan vuestras tardes familiares.
Nadie te lo ha enseñado, sin embargo, lo sabes.
Te orientas hacia el presente, en lo que tu hija o hijo necesita para salir adelante ahora, para paliar la diferencia con sus iguales y que sea lo menor posible, por darle la mejor calidad de vida ahora que asegure que en el futuro también la tenga, pero el futuro es incierto y te atormenta el qué pasará cuando no estés.
Lo que quiero transmitirte en estas líneas es que no estás sola, hay muchas madres como tu, que valoran el presente y sienten angustia por el futuro, por la sociedad en la cuál van a dejar hijos e hijas que no son aceptados como son, juzgadas y juzgados con la visión de la “normalidad” en la que no encajan ni encajarán.
Juntas somos más fuertes, juntas nos aliviamos el sufrimiento, juntas la carga es menos pesada porque la transportamos entre todas. Siempre he visto que la ayuda mutua no es solamente tender la mano y hacer, sino que se basa en el mirar a los ojos y verse reconocida en otra persona, otra madre, otro padre, otro hijo o hermana en unas circunstancias parecidas.
Mi gran admiración para todas esas madres valientes.
www.psicologiarios.es
Si quieres leer más sobre madres, te emplazo a que veas mi artículo sobre Cómo nos sentimos las madres (en el siglo XXI) https://psicologiarios.es/como-nos-sentimos-las-madres/



Comments are closed.